Glosario · Ensayo

Por qué los analistas separan los penaltis de las estadísticas de un delantero

Los penaltis inflan el xG de un delantero sin que tenga que ver con el juego abierto. El npxG los quita para una lectura más limpia.

Dos situaciones de disparo lado a lado, una desde el punto de penalti y otra de juego abierto, mostrando por qué los penaltis se separan del xG.
Imagen: Touchline Notes

Un penalti vale más o menos 0,76 goles esperados casi sin importar quién lo tire o qué portero lo enfrente, porque el modelo se construye con miles de penaltis lanzados desde el mismo punto, a la misma distancia, contra un portero que tiene que adivinar. Esa consistencia es justo lo que hace que los penaltis distorsionen el total de xG de un jugador si no se separan aparte. Dos delanteros pueden acabar una temporada con el mismo total de goles esperados, uno construido casi por completo con ocasiones de juego abierto y el otro inflado por cinco penaltis convertidos, y una comparación simple de xG los llamaría igual de peligrosos en juego abierto cuando claramente no lo son.

El xG sin penaltis, o npxG, es la solución: tomar el mismo modelo de calidad de tiro que se usa para el xG y simplemente excluir los penaltis del cálculo. Lo que queda es una imagen más limpia de cuánto peligro genera un jugador o un equipo a través de la jugada, el movimiento y la definición de juego abierto y a balón parado, dejando fuera solo el punto de penalti.

La brecha entre el npxG de un jugador y sus goles reales sin penalti cuenta la misma historia de rendimiento que el xG normal, sin que los penaltis metidos gratis ensucien la comparación. Es especialmente útil para comparar delanteros de equipos con reparto distinto de penaltis: uno que no los tira en su club siempre parecerá menos prolífico en el conteo bruto de goles frente a un compañero que sí los tira, aunque el primero esté creando ocasiones más peligrosas de juego abierto. El npxG por noventa minutos corrige eso y permite comparar a los dos con justicia.

También sirve a nivel de equipo para juzgar si el rendimiento ofensivo de un plantel es sostenible. Un equipo que ha marcado muchos goles en parte porque convirtió una cantidad inusual de penaltis en un tramo corto, más de lo que sugiere su juego de fondo, es candidato a una regresión cuando ese ritmo se normalice, y el npxG es una de las formas más claras de verlo venir antes de que aparezca en los resultados.

Los departamentos de scouting se apoyan en el npxG por noventa precisamente porque viaja mejor entre ligas que el conteo bruto de goles. Un delantero que mete diecisiete goles en una liga de mitad de tabla y otro que mete diecisiete en un equipo que pelea el título no necesariamente están creando la misma calidad de ocasión; la calidad de la liga, la de los compañeros y el reparto de penaltis moldean ese número bruto. El npxG por noventa elimina al menos una de esas variables.

La estadística no es un veredicto sobre los que tiran penaltis, y no debería leerse como que los penaltis no importan o no requieren habilidad; convertirlos con consistencia bajo presión durante toda una temporada es una habilidad real, y fallarlos cuesta puntos igual que fallar cualquier ocasión de valor alto. El objetivo del npxG no es descartar los penaltis. Es evitar contarlos dos veces: una como gol convertido, y otra como prueba de una calidad ofensiva de juego abierto que en realidad no demostraron.

Es el complemento natural del propio xG, y si lo que se está juzgando es al portero en vez de al delantero, el ajuste equivalente en el otro extremo del disparo es el PSxG.