Glosario · Análisis

El pase que deja fuera de la jugada a toda una línea defensiva

Un pase que rompe líneas atraviesa o supera una línea de rivales. Cómo lo detectan los analistas, por qué lo valoran los entrenadores y qué no cuenta la cifra.

A single pass travelling through two of three defensive lines drawn as columns of circles, ending at a receiver marked in red.
Imagen: Touchline Notes

Un pase que rompe líneas es un pase que atraviesa o supera una línea de jugadores rivales y se recibe al otro lado. La mayoría de los equipos defiende en dos o tres franjas horizontales: delanteros, centrocampistas y defensas. Un pase que sale por delante de una de esas franjas y termina a su espalda ha roto esa línea. Un pase que gana veinte metros pero se queda por delante de la misma línea de medios no la ha roto, por bueno que parezca.

Los entrenadores llevan décadas enseñando la idea con nombres como romper líneas o pase entre líneas. Lo que ha cambiado es que los proveedores de datos empezaron a contarlo. Stats Perform, con datos de tracking de la Pro League belga, lo define como el pase que cruza geométricamente una línea rival, avanza el balón al menos diez metros, sale desde al menos cinco metros antes del punto donde la cruza y termina al menos dos metros más allá del jugador más retrasado de esa línea. La versión de StatsBomb, construida sobre sus datos 360, exige que el pase termine al menos un diez por ciento más cerca de la portería de lo que empezó y que pase entre dos defensores cercanos o vaya directamente a la espalda de la línea. Las dos intentan separar una penetración de verdad de un pase que solo roza el borde de un bloque.

Ambas necesitan saber dónde estaban los defensores en el momento del pase, y por eso la métrica solo fue práctica cuando hubo datos de tracking o de imagen congelada. Los datos de eventos corrientes registran dónde empezó y terminó un pase, no a quién dejó atrás. Por eso estos recuentos viven sobre todo dentro de los clubes y de las plataformas de los proveedores, no en las webs gratuitas.

A los entrenadores les importa porque el instante posterior a romper una línea es cuando una defensa está más expuesta. Los jugadores superados miran hacia el lado equivocado, o al menos están por detrás del balón, y el receptor suele tener tiempo y el juego de cara. Piensa en la escena típica del Manchester City de Pep Guardiola: un central retiene el balón, los dos puntas rivales tapan la línea de pase hacia Rodri, y el pase se retrasa hasta que se abre un hueco y el balón sale disparado entre ambos hacia sus pies. La primera línea rival queda eliminada, y el siguiente pase puede apuntar al espacio entre su centro del campo y su defensa. El juego de posición es, en buena medida, un sistema para fabricar esos huecos a propósito.

La evidencia de que esto importa es bastante directa. En el estudio de la Pro League belga, la probabilidad mediana de gol tras un pase que rompe líneas fue aproximadamente el doble que la de los demás pases, y los intentos fallidos apenas elevaron el riesgo de encajar. Ese segundo hallazgo contradice la idea de que el pase vertical arriesgado es un lastre: con estos datos, el riesgo casi siempre compensa.

La métrica convive con los pases y conducciones progresivos, pero no son lo mismo. Un pase progresivo se define por la distancia que gana hacia la portería, sin referencia a dónde estaban los rivales. Un pase puede ser progresivo sin romper una línea y, con menos frecuencia, romper una línea sin contar apenas como progresivo, por ejemplo un pase corto colado entre dos delanteros que presionan. La verticalidad de un equipo te dice cuán directo juega, lo que aumenta la probabilidad de romper líneas pero no la garantiza. Y la amenaza esperada (xT) valora el destino de un pase, no su recorrido, así que un pase a una zona peligrosa puntúa igual si dejó atrás a seis defensores que a ninguno. El pase que rompe líneas es la única de estas medidas que mira de forma explícita al rival.

Esa es también su debilidad. Una línea solo vale la pena romperla si era una línea de verdad, y el recuento trata igual a un bloque bien organizado que a uno estirado y corriendo hacia atrás. Romper la primera línea de un equipo metido en bloque bajo, con todos por detrás del balón, es fácil y casi no vale nada. Romper la última línea de una defensa adelantada es raro y a menudo decisivo. La cifra en bruto aplana esa diferencia salvo que se desglose por línea y por zona. Tampoco dice qué hizo después el receptor, que es donde se materializa casi todo el valor, ni puede ver un pase que estaba ahí y nunca se dio.

Lee este recuento como una descripción de cuánto quiere y cuánto puede un equipo jugar a través del rival en vez de rodearlo. Complementa a las métricas basadas en la distancia. Por sí solo no dice lo bien que atacó el equipo.

¿Qué impacto tienen los pases que rompen líneas?

Bastante mayor que el de un pase cualquiera, hasta donde llega la evidencia pública. Stats Perform encontró, sobre una temporada completa de la Pro League belga, que la probabilidad mediana de gol tras uno de estos pases era más o menos el doble que tras los demás, y el modelo de valor con balón de StatsBomb puntúa sistemáticamente más alto estos pases que otros de longitud parecida que no cruzan ninguna línea. El impacto, eso sí, no es uniforme. Romper una línea de medios cerca del círculo central es frecuente y modestamente útil. Romper la última línea dentro del último tercio es raro y suele acabar en un remate, por eso los mejores análisis presentan el recuento por línea y por zona, no como un único total.

Fuentes y más información

  1. How Impactful Are Line-Breaking Passes? — Stats Perform (consultado el 18 Sep 2026)
  2. StatsBomb 360: Exploring Line Breaking Passes — StatsBomb (consultado el 18 Sep 2026)
  3. In Focus: Breaking lines — The Coaches' Voice (consultado el 18 Sep 2026)